Elizabeth Castro
Buscando alguna reseña sobre el Seminario 15 de Jacques Lacan me encontré con un artículo de Verónica Buchanan, quien se considera psicoanalista, pero no lacaniana.
En él, Verónica pone en tensión la importancia de que un padre esté muerto para poder hacer nuestra su herencia.
Justo ayer subí a mi Instagram personal una publicación donde hago una reflexión respecto a uno de mis ex. Y me pregunté hoy, ¿mi ex está muerto o está vivo (para mí)?
Aclaro que no tiene que ver con la muerte real. Aquel, sigue por ahí caminando, respirando, continúa con su vida. Tiene que ver con la apropiación (por supuesto no me refiero a la apropiación indebida, robo, plagio). Por lo mismo el énfasis que felizmente puedo hacer es cuantiosamente mayor en sentimientos de gratitud que de deuda. No es que él o nuestra relación haya sido perfecta o ideal (o yo con él o ella) sino en que estoy sumamente agradecida de lo que me heredó.
Reconozco que al menos desde hace como un mes, me ha estado dando vueltas, de manera más o menos consciente, la pregunta por cómo me apropio de "su herencia" hoy y de mi "versión de mí misma" de cuando estábamos juntos.
Por ejemplo, me quedé con una polera que me dio en mi primer cumpleaños juntos, que me encantó. Sin embargo, en algún momento la recorté (aún estando con él y sin preguntar su opinión) y la sigo usando. Es mía, lo supe entonces, lo sigo sabiendo y es más fácil en ese caso, porque me la obsequió.
¿Pero qué pasa cuando se trata de sus ideas? Cuando lo menciono muchas veces lo cito, “él una vez me dijo que…”, pero no le hablo para preguntarle por lo que habría dicho. Es con lo que me quedé y trato de recordarlo con la mayor precisión posible, aunque seguramente no lo logro, inevitablemente le pongo de mi cosecha. Y probablemente mi pensamiento ya va mucho más allá de lo que alguna vez hablamos -probablemente el suyo también-. Apostaría a que sigue siendo un interlocutor del que podría aprender muchísimo.
¿Murió en un sentido, para quedarse vivo en otro, dentro de mí?
Anoche, en Cyber y habiendo recibido dinero, me preguntaba para qué comprar el Seminario 15 justo ahora. Como no estaba decidida, hablé con un colega que lo está leyendo, leí entre líneas el pdf disponible inédito y hasta que llegué al artículo de Verónica.
En respuesta a este último, no sé qué tanto me interesa que Lacan muera o viva, porque muerto o no, la gran pregunta es si tengo la suficiente capacidad de mantener-lo-vivo en mi apropiación. Podría decir que de alguna manera sí podría mantenerlo vivo a él, pero sobre todo, mantener mi apropiación viva, con su herencia.
¿Ya me puedo autorizar a mí misma como heredera? Anticiparía que no hay "el heredero" de Lacan, ¿por qué tendríamos que constituir un conjunto? ¡Qué decir de cuánto peso tiene todo en el psicoanálisis lacaniano!
Hay tiempos en que experimento más voracidad para incorporar a mi manera -podríamos discutir si es la voracidad lo que mueve a los zombies, a los no-muertos-, como con la polera, lo mejor posible. Diría que un buen uso de mi voracidad me permite autorizarme a heredar sin buscar garante.
De hecho, cuando cito, es por la posibilidad de ir más allá, en el saber y traspasar la mortificación de la lectura obsesiva.
Y finalmente, hablar con otros, o escribir para que otros lean y puedan comentar, desde luego que posibilita una mejor apropiación posible. Diría que apropiarse debidamente de una enseñanza es diferente a apropiarse de una polera propia, pero no caería en extremar la diferencia y obsesivizarlo al punto de no permitirnos hacer recortes que den lugar a la novedad que un/a heredero/a pueda desplegar.
Referencia:
https://www.infobae.com/cultura/2026/03/19/jacques-lacan-esta-vivo-la-aparicion-de-un-seminario-inedito-revoluciona-el-psicoanalisis/
