martes, 26 de agosto de 2025

¿Cómo sostener una posición analítica como representante del campo ‘psi’ en la escuela?


El siguiente escrito lo hicimos entre dos en 2017 para una evaluación en el Postítulo en Psicoanálisis con Niños y Adolescentes. Diría que nos faltó reducción y aún así me resisto a cambiar algo, desde el título hasta la extensión, pues hicimos lo que pudimos con lo que tuvimos...

¿Cómo sostener una posición analítica como representante del campo ‘psi’ en la escuela?

Elizabeth Castro Fernández, Sebastián Chávez Gutiérrez

 

En los últimos años, es cada vez más común ver a psicólogos dentro de las escuelas. Según Baltar y Carrasco (2013), en Chile, la entrada de la psicología en el contexto educacional, ha sido la de la aplicación de principios psicológicos a la pedagogía, respondiendo a intereses predominantemente técnicos, orientados al orden, predicción, gestión y control del medio educativo (Habermas, 1990, en Baltar y Carrasco, 2013).

Para Bock (2003, en Baltar y Carrasco, 2013), la psicología ha fortalecido las nociones naturalizadoras propias de la pedagogía y la hegemonía, y ha cooperado en el ocultamiento de lo que la educación tiene de proceso social ideológico; operando por medio del pensamiento científico como autoridad. Representando así, un discurso Universitario, “enunciado desde el punto de vista del Saber ‘neutro’ (…) una decisión política basada en el poder” (Zizek, 2004, p. 34).

En la actualidad, la participación de los psicólogos en contextos escolares ha sido favorecida por subvenciones adicionales establecidas por medio de la Ley Nº 20.248 y por el Decreto 170 del Ministerio de Educación (MINEDUC).

En este contexto, ingresamos a nuestros respectivos trabajos: Psicólogo en el Departamento de Convivencia Escolar (DCE) de una escuela básica municipal, y Psicóloga en el Programa de Integración Escolar (PIE) de una escuela básica subvencionada. A ambos se nos convoca como asistentes de la educación, y como representantes del campo ‘psi’; se nos solicita diagnóstico y tratamiento para estudiantes con las llamadas necesidades educativas especiales, participación activa en los Consejos de la Institución y apoyo generalizado en aprendizajes, temáticas de salud mental e intervención en crisis, a los distintos actores implicados.

Al llegar a nuestros trabajos, nos encontramos con demandas ministeriales, comunales (en el caso del DCE), institucionales, de parte de directivos, profesores,  inspectores, apoderados y de los propios estudiantes; que incluyen llenado de documentos, planificaciones, informes, diagnósticos, trabajo en redes, reuniones, atención de estudiantes, realización de talleres, participación en actividades escolares.

En el caso del PIE, el MINEDUC establece un máximo de estudiantes que recibirán apoyo de psicólogo/a -y una cantidad exacta de horas- por curso, límites que no están definidos para el profesional del DCE. En las escuelas en que trabajamos, cuyos estudiantes presentan altos índices de vulnerabilidad social, la demanda es múltiple y excede ampliamente en cantidad de horas semanales.

En estas instituciones la petición de aumentar la cobertura es permanente, la cual se contradice con los tiempos lógicos propios de los/as estudiantes y con el resto de las demandas laborales. Ante esto se puede ver una expectativa de eficiencia e inmediatez de nuestras intervenciones.

Respecto a las intervenciones, se espera principalmente que éstas sean eficaces sobre los síntomas “bajo rendimiento escolar” (malas notas) y “comportamiento disruptivo” (rompimiento de las reglas del establecimiento). En alineamiento con el  MINEDUC, el abordaje a realizar debe ser “Conforme a los criterios y dimensiones de la Clasificación Internacional del Funcionamiento de la Discapacidad y de la Salud (CIF)” (Decreto 170, 2010, Art. 4). Este enfoque de la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que deben realizarse cambios ambientales para apoyar al sujeto desadaptado.

En estas disposiciones, es posible hacer una lectura de niño/a y adolescente como objeto de protección. Aclara Aveggio (2013, p. 363), “que la protección de la infancia se ha psicologizado profundamente, transformándose más que en una responsabilidad política del Estado en un hecho técnico-profesional.”

Para el autor, el ‘para todos’ “no puede evitar generar sus propias condiciones de exclusión, de segregación y marginación.” (Aveggio, 2013, p. 366). Dentro de los saberes ‘psi’, la psicopatologización reorganiza los lazos sociales bajo el ideal de la igualdad de derechos (Aveggio, 2013). Esto es evidente para el PIE, en el cual cada niño, niña o adolescente, debe tener un diagnóstico, y no cualquier diagnóstico, sino los que habilitan su entrada al Programa.

Asimismo, en el PIE, la reglamentación del horario exigida está descontextualizada, no dejando lugar a las contingencias y a la realidad. Este empeño en la estandarización y burocratización de los tratamientos ‘psi’ no parece efectivo, pues la etiología de los síntomas tendría relación con los modos de goce de los sujetos, y no con el orden de lo orgánico.

        De esta manera, tanto para el/la psicólogo/a del PIE como para el/la del DCE, hay una gran prevalencia de una inversión de la demanda de atención, ya que al menos en las primeras entrevistas, la mayoría de los estudiantes son recibidos por solicitud del Establecimiento, sin haber una demanda del/de la propio/a niño/a o adolescente.

           Resulta interesante como luego de un primer encuentro, en el cuál los estudiantes son escuchados por nosotros, comienzan a surgir demandas de atención espontáneas o peticiones de que atendamos a sus compañeros. Entonces, intentamos que en el mejor de los casos, las demandas de los estudiantes vayan más allá de lo imaginario. No obstante, ante la multiplicidad de las demandas, contamos con importantes limitaciones de tiempo.

Para nosotros, es fácil notar que en el sistema escolar no hay una claridad respecto a qué situaciones priorizar al solicitar ser atendidas por psicólogo/a. López, Ayala y Morales (2010, en Baltar y Carrasco, 2013), explican que para los profesionales de la psicología, existiría un entrampamiento o un ‘sentirse atrapados’ entre las demandas del contexto escolar y la poca capacidad para contraproponer estrategias de análisis y de acción que permitan colocar a la escuela en el centro de la reflexión educativa.

Al respecto, Aveggio (2013, p. 378), nos señala que:

“La inversión de la demanda es una constante de muchas instituciones, ya sea por su alienación al ideal de la protección social o al ideal del consumo. En ambos casos, se trata tanto desde el discurso del amo, como del universitario o del capitalista, de taponar la división del sujeto entre significante y goce. La posición analítica resulta clave para extraer ese tapón, no ya como efecto del síntoma, sino como un efecto de los discursos institucionales.”

 

Considerando que la escuela tiene la particularidad de que se produzca una cotidianeidad, en la que “se entraman y entrecruzan diferentes dimensiones heterogéneas que definen diferentes saberes, quehaceres e intenciones” (Araujo y Pardo, 1990, p. 73). Entonces, ¿de qué manera podemos sostener una posición analítica dentro de la escuela, que favorezca la instalación de demandas de parte de los propios estudiantes, la escucha detrás de sus síntomas y la advertencia acerca de sus modos de goce?

Intentando responder a la pregunta de este escrito, tenemos que

"La esencia de la operación analítica (…) descansa más bien en la abstención de recurrir al poder del ideal del yo. Esto mismo es lo que distingue, según afirma Lacan, a la transferencia de la sugestión. Para Lacan la transferencia (…) implica una apertura a un campo diferente del circuito de la demanda, es decir, a un más allá de lo que el sujeto dice y de lo que manifiestamente está en juego" (Barros, 2009, p. 46).

 

Por lo mismo, incluso, “(…) no dar respuesta alguna también puede ser una forma de responder” (Greiser, 2012, p. 14).

Como vemos son posiciones que demandan una ética del analista donde pone en juego su saber hacer y su quehacer: “(…) toda práctica analítica implica una orientación ética: está regida por principios, no se trata de la mera aplicación de una técnica”  (Greiser, 2012, p. 15).

Del psicoanálisis lacaniano -que no distingue teorías particularmente específicas para los niños- se puede extraer la convicción de la importancia de dar al niño el estatuto de sujeto. Sin embargo, al enfrentarnos al trabajo con niños/as y adolescentes, no podemos dejar de reconocer que éste nos confronta con cuestiones que sí son específicas o particulares de la práctica, porque de común no se presentan del mismo modo que en nuestro ejercer con sujetos adultos.

Así vemos, que de las distinciones que imprime la práctica hay que manejarlas con algún grado de reserva, ya que si asumiéramos por ejemplo, una perspectiva cronológica, distinguiendo una clínica de niños distinta a otra de adultos, estaríamos tomando como criterio de división arbitrario sus edades, sin ir más allá de una teoría del desarrollo.

            En el psicoanálisis se reconoce al niño como un sujeto en estructuración (construcción subjetiva) que puede “actuar” como un sujeto que habla, que puede hacer asociación libre, que sueña y que también puede hacerse responsable de sus actos y de las consecuencias de éstos. Hay entonces, un psicoanálisis con niños que suele tener pequeñas variaciones técnicas tales como el dibujo y el juego, pero el dibujo y el juego para que el niño pueda hablar y simbolizar.

Por otra parte, para poder entender la clínica con niños es importante tomar en cuenta al “otro”, para saber cómo este otro lo define, observa y habla del niño. Entonces, es clave preguntarnos ¿qué lugar tiene el otro en el niño? Por lo que es importante pensar en el otro, como el otro -los padres- y preguntarnos ¿qué lugar le damos a los padres en la clínica con niños? Son fundamentales estas preguntas porque no darle un lugar al otro sólo nos dificultará el trabajo, ya que el otro se presenta en forma de institución escolar, de un profesor, de un médico o de los mismos padres.

Resulta que la mayoría de las veces son esos otros quienes motivan la consulta, cuando algo del lugar que ocupa el niño/a resulta sintomático frente a ese otro. Rara vez es el niño/a o adolescente quién motivado por su malestar, solicita la atención. Esto no significa que en el proceso terapéutico, el mismo niño no podrá generar su propia demanda frente a su sufrimiento o malestar, a la cual estaremos atentos para escuchar.

De esta forma, podemos entender que en el tratamiento con niños llegan dos malestares: el del niño y el del otro. En primera instancia, debemos escuchar ambos malestares, porque es desde este lugar del malestar donde va a construirse una demanda. Con ello podremos definir de quién es el malestar, quién será el paciente y qué tipo de intervenciones realizaremos.

En muchos casos, cuando se decide trabajar con el niño -para poder construir una demanda de parte de éste-, es importante establecer una transferencia tanto con el niño como con los padres. Resulta de utilidad alojar algo del malestar de los padres para evitar que se vayan del tratamiento con el niño, lo cual, dependiendo del caso, podría finalizar en la expulsión del estudiante.

De la misma manera, debemos preguntarnos qué están dispuestos a ceder los padres o la institución, cuando llegan a terapia con un niño.

Janin (2012) nos advierte:

“El lugar del niño en la actualidad es complejo: por un lado es considerado como sujeto de derechos y su palabra es mucho más tenida en cuenta que en otras épocas, pero a la vez se espera de él que satisfaga el narcisismo parental, que sea exitoso para hacer sentir exitosos a sus padres, ubicando la infancia como un tiempo de “producción”, de “adquisición” de saberes, más que de desarrollo y crecimiento”

 

Lacan nos enseñó tres diferentes posiciones del niño en relación al deseo de la madre: “el niño como falo de la madre, el niño como síntoma, no síntoma de la madre sino de la pareja familiar, y finalmente, el niño como realizando el objeto del fantasma de la madre.” (Bleichmar, 2010, p. 209). Es importante buscar en los significantes del paciente, su decir respecto de esa posición y en la transferencia, su goce.

Por otro lado, el rol del psicólogo en la escuela queda puesto del lado de que es alguien a quien se le puede consultar por su saber. En ciertos momentos y lugares lo alejan de la clínica o de una intervención más profunda, por temas que no permiten responder al problema o demanda del niño, por la exigencia de la eficacia, eficiencia, el tiempo y la presión institucional.

            Spurrier (2011), considera que los problemas más importantes que se afrontan en la actualidad desde el psicoanálisis en torno a los síntomas escolares, son la segregación y el comportamiento. Explica a éstas como

“(…) producto de la relación entre el avance de la ciencia y las consecuencias en las estructuras sociales, a causa de su progreso que hace de ella el amo moderno, que dispone de un “modo de ser” y de producir “tipo” en donde las particularidades de cada uno y las de su grupo étnico o social desaparecen” (Spurrier, 2011, p, 2).

 

La salud mental como enunciado principal evoca al ideal y con ello a lo imposible y a lo incansable. Tratamos con sujetos imposibles, a veces imposible de soportar tanto en la consulta como de la institución. Con personas que vienen más con una queja que con una demanda, en especial los padres de estos niños que no pueden controlar o que la institución educacional demanda control. Sujetos que quedan como restos frente al imperio del ideal.

Frente al ideal siempre se desprende lo que sobra o lo que no se ajusta, por eso se trabaja con lo imposible. Esto lo podemos observar en la escuela cuando una profesora, un padre o la misma institución escolar hablan del niño ideal o el deseo por “arreglarlo”, “que lo arreglen” o que lo dejen “normal”. Cuando se habla de salud mental se habla de esto del ideal como norma de la vida.

Debido a ello, el quehacer del psicólogo dependerá del posicionamiento que realice en dicha institución y si este hacer y saber es validado, pudiendo caer en ocasiones como un simple elaborador de test, manuales y protocolos para responder al deseo de la institución y no a la demanda de los pacientes.

El hecho de posicionarse y validar su lugar en la escuela, dependerá tanto de la formación, el deseo y el ideal del psicoanalista, como de la institución y de quienes las encarnan.

En cuanto a este deseo y la ética del analista, Aveggio (2013) nos habla del análisis personal como condición del saber hacer. De lo contrario, “(…) el entrecruzamiento con la institución queda liberado a los avatares de la trama edípica condensada en la fantasía de quien practica el análisis sin un saldo de saber que le permita no actuar esa tendencia de goce singular que lo articula al Otro de la institución.” (p. 376).

Es posible maniobrar este deseo y demanda de la institución haciendo un viraje en no ir en contra ésta, sino como dice Lacan, situarse en el reverso. Se trataría de entregar semblantes y buscar los puntos de fuga que la institución produce en su rigidez, para poder así trabajar más con la demanda del niño, puesto que "el síntoma es nuestra herramienta de trabajo, no lo que buscamos eliminar. El síntoma es herramienta ética, pues no hay sujeto sin síntoma". (Greiser, 2009, p. 16).  

Con esto, se le va a devolver la palabra y el protagonismo al niño, haciéndole pasar de objeto de protección a sujeto. En esto, aún cuando el niño sea derivado por la institución o por el padre, el niño puede producir una demanda personal, también buscar personalmente acercarse al psicólogo.

Por otra parte, nos encontramos con la demanda de responder a estas necesidades de la escuela a través de otras instancias que no son individuales, pero que de igual manera pueden responder a una posición analítica. Así, en respuesta a la demanda de cobertura de atención, es posible realizar un trabajo grupal, de acompañamiento terapéutico.

Según Mauer y Resnizky (2004), un acompañamiento terapéutico es un dispositivo que cuenta, con heterogeneidad y con la estrategia de promover la fraternización de la escucha y con ello, vínculos terapéuticos diferentes. Nivoloni (2008, en Segui, 2013) agrega que en la práctica del acompañamiento terapéutico, se debe adaptar el encuadre de acuerdo a las características e historia de cada uno.

“La posición del analista reclama el consentimiento y la responsabilidad en la elección de goce del sujeto que subyace a todo ‘para todos’.” (Aveggio, 2013, p. 368). Así, ante al igualitarismo garantista, es importante destacar la voluntariedad de participación en los grupos.

Por último, con respecto al trabajo administrativo, “otro para nuestras curas, ni bueno ni malo,  simplemente un Otro.” (Aveggio, 2013, p. 378), es posible cumplir por escrito con lo que se solicita desde el MINEDUC, pero intentando hacer entrar lo menos posible esa política en la clínica.


Referencias

Araujo, G. y Pardo, C. (1990). El psicoanálisis para (en) la institución escolar, Tramas. Subjetividad y Procesos Sociales, (1), 73-82 Recuperado en 22 de julio de 2017, de http://132.248.9.34/hevila/TramasMexicoDF/1990/no1/4.pdf

Aveggio, R. (2013). Psicoanálisis, Salud Pública y Salud Mental en Chile. Santiago: RIL.

Baltar, M. y Carrasco, C. (2013). Re-pensando la psicología educacional en Chile: Análisis crítico de su quehacer y sugerencias proyectadas. Psicología para América Latina, (24), 173-190. Recuperado en 22 de julio de 2017, de http://pepsic.bvsalud.org/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1870-350X2013000100011

Barros, M. (2009). Psicoanálisis en el hospital: El tiempo de tratamiento. Buenos Aires: Grama.

Bleichmar, S. (2010). La fundación de lo inconciente. Destinos de pulsión, destinos del sujeto. Madrid: Amorrortu.

Decreto 170. Fija normas para determinar los alumnos con necesidades educativas especiales que serán beneficiarios de las subvenciones para educación especial, 21 de mayo de 2010. Recuperado de https://www.leychile.cl/N?i=1012570&f=2010-08-25&p=

Greiser, I. (2012). Psicoanálisis sin diván: Los fundamentos de la práctica analítica en los dispositivos jurídicos-asistenciales. Buenos Aires: Paidos.

Janín, B. (2012). La patologización de la infancia. Palabra. Especial XIV Congreso Argentino de Psicología: Los malestares de la época. Buenos Aires.

Spurrier, P. (2011). El psicoanálisis, la familia y la educación. Varité, septiembre. México. Recuperado en 23 de julio de 2017, de http://www.nel-mexico.org/articulos/seccion/varite/edicion/Ninos-y-adolescentes-del-nuevo-siglo/408/El-psicoanalisis-la-familia-y-la-educacion

Zizek, S. (2004) El Homo sacer como objeto del discurso de la universidad. En Zarka, Y. (2004) Jacques Lacan: Psicoanálisis y política. Buenos Aires: Nueva Visión.

viernes, 22 de agosto de 2025

La enseñanza del inglés en Chile como contenido y no como lengua

Verdad y saber. La dimensión ética del acto educativo: 

La enseñanza del inglés en Chile como contenido y no como lengua*

Elizabeth Castro Fernández



“No darle la palabra al niño es no reconocerle su estatuto de sujeto, 
es llevarlo al abismo de la objetivación.” (Ramírez, 2012, p. 27).


J. Torres García, América Invertida (1943) 


Con la creciente globalización, en nuestros días, nos encontramos con el imperativo del aprendizaje del inglés como segunda lengua en caso de que no se trate de nuestra lengua materna; volviéndose así su enseñanza a niños, niñas y adolescentes una preocupación de varios gobiernos, ante la cual han invertido considerables esfuerzos.

El interés chileno por el inglés se remonta desde los comienzos de la República. En 1813 con la inauguración del Instituto Nacional, se incluyó en el currículum para propósitos de comunicación en las esferas literarias y civiles, principalmente para viajar a Europa (Farías, 1999; Vera, 1942, en Rosas y Pereira, 2017).

A través de los años, se incrementó la calidad y la cobertura de su instrucción, estando las universidades a cargo de formar profesores de inglés (Vera, 1942, en Rosas y Pereira, 2017) y los colegios de realizar de forma obligatoria al menos tres horas pedagógicas de inglés a la semana a los estudiantes desde 5° básico, y a modo de sugerencia, de forma regular entre 1° y 4° básico (Espinoza, 2017).

 Pese a tales esfuerzos, la última publicación del Índice de Dominio de Inglés (EF EPI) señala que los chilenos mayores de 18 años sólo pueden mantener una conversación breve en ese idioma, además redactar un correo simple y entender lo básico en un viaje de turismo, dejando a Chile en el séptimo lugar dentro de Latinoamérica y en el puesto 45 de un total de 80 países evaluados en relación al dominio de ese idioma (Saez, 2017).

Apoyándome en la perspectiva psicoanalítica, en escritos provenientes de la filosofía y en mis impresiones como estudiante y psicóloga chilena, reflexionaré en relación al fracaso de la enseñanza del inglés en colegios.

      Si pensamos en la ubicación geográfica de Chile, en primer lugar nos daremos cuenta de que tenemos como vecinos a países cuyo principal idioma es el español. Rara vez un niño chileno toma contacto con personas que vienen de países angloparlantes, salvo excepciones de quienes tienen familiares de habla inglesa o han vivido en lugares donde se tiene por lengua el inglés.

            Algunos niños, generalmente de los sectores económicos más acomodados, cuentan con profesores particulares que les enseñan el idioma, o asisten a colegios particulares bilingües, donde el inglés es el idioma en el cual se realizan las clases. Para estos estudiantes, el inglés se convierte en una necesidad, pues su propio idioma, el español, no les basta para avanzar con su formación escolar, así su escucha y su expresión pasa a volverse algo cotidiano.

            Sobre todo, es fácil suponer que si al menos uno de los padres o hermanos de un niño maneja con fluidez el idioma, podrán sostener conversaciones valiéndose del inglés para ello. En ambos casos como código y como medio, el inglés pasa a tomar un carácter de familiar y de posibilidad de encontrarse.

      En cambio, para los niños que el inglés se reduce a esas horas de enseñanza en la escuela y a algunas frases y palabras incorporadas en los objetos y aparatos de uso cotidiano, el inglés aparece más bien como el residuo de una alteridad, la de la gente que en algún lugar, en algún país, escribió las cosas en su idioma y éstas llegaron a Chile.

       Algunas palabras son reconocidas por su mayor repetición -como automaton- en objetos de consumo, por ejemplo “open, power, good, stop, reset”, por su aparición en publicidad, en títulos de películas, canciones y videojuegos, pero que cuya comprensión va a depender de la motivación por traducirlas de quien las lee, pues perfectamente se pueden omitir sus significados, con suerte sirviendo de complemento para otros signos.

    Entonces, para pasar de la anécdota de reconocer algunas palabras a la apropiación de éstas como nuevos significantes, parece haber una distancia trazada por la motivación,  pero no cualquier motivación, sino la de abrirse a nuevos significados disponibles en otra lengua.

         Recalcati (2016) explica que para que el sujeto desee hallar un saber, se “debería situar en primer plano el deseo como búsqueda de la propia identidad” (p. 45), lo cual se consigue a través de la transferencia a Otro; transferencia que en palabras de Recalcati, está enlazada “con la raíz etimológica de la palabra educere (‘educar’) que es en efecto, ‘ser llevado a otro lugar’.” (2016, p. 57).

Ya lo decía Freud (1914) con respecto a su propia formación y el lugar que ocuparon sus docentes en ella:

“No sé qué nos reclamaba con más intensidad ni que era más sustantivo para nosotros: ocuparnos de las ciencias que nos exponían o de la personalidad de nuestros maestros. Lo cierto es que esto último constituyó en todos nosotros una corriente subterránea nunca extinguida y en muchos el camino hacia las ciencias pasaba exclusivamente por las personas de los maestros.” (p. 248).

 

Dado lo anterior, Recalcati (2016) enfatiza que al educar no se trata de una técnica, de un método ni del estilo del maestro, pues cada uno lo hace a partir de un estilo que lo distingue; sino de la relación que el docente sabe establecer con lo que enseña a partir de la singularidad de su existencia y de su deseo de saber: “consiste en abrir al sujeto a la cultura como lugar de humanización de la vida, la de hacer posible el encuentro con la dimensión erótica del conocimiento.” (p. 14)

            Del lado del estudiante, Horta (en Espinoza, 2007) recalca el valor de la enseñanza temprana de un segundo idioma aludiendo a una mayor receptividad al conocimiento nuevo por parte de los más pequeños (por medio del juego, la escritura y la palabra), en comparación a las dinámicas y a la disposición con las que cuentan los estudiantes en educación media.

En ese sentido, Horta (en Espinoza, 2017) señala que para trabajar con niños de educación pre-básica y básica inicial, los docentes deben contar con una flexibilidad acorde al intercambio con niños pequeños, pero que, no obstante, los profesores de inglés en Chile sentirían que por no ser obligatorio, las universidades de pregrado no los habrían formado para esos niveles iniciales.

Peor aún, en Chile no sólo existiría un déficit de profesores que saben y se sienten cómodos de trabajar inglés con niños pequeños, sino también de profesores de inglés en general. Según cifras de 2014, el 34% de los educadores no tiene los conocimientos mínimos de la lengua (Carmi, 2016; Puchta, en Cordero, 2007).

Ante este panorama, Putcha (en Cordero, 2017) considera que si no se cuenta con maestros realmente bien entrenados para enseñar inglés a niños en los primeros años de escolaridad, entonces es preferible comenzar más tarde, siendo más importante la calidad de la enseñanza que la edad a la que se empieza.

En efecto, es común ver a profesores de educación preescolar y básica que no saben hablar inglés impartiendo dicha asignatura. Uno podrá imaginar que sus pronunciaciones, la cantidad de palabras que conocen y la relación que establecen entre éstas son más limitadas y por tanto, difícilmente sus estudiantes podrán encontrar un testimonio del amor a ese saber en esos docentes.

En concreto, por sí solas ya representan complejidades para aprender el inglés su estructura gramatical -la cual difiere de la de los idiomas descendientes del latín, como lo es el español- y sus reglas de pronunciación y de gramática específicas, las cuales hacen que al momento de oír o decir una frase, no podamos distinguir de qué se está hablando -por ejemplo, diferenciar al oír o decir “it” de “eat”-; por ello es imprescindible el dominio del idioma de parte de los docentes que lo van a impartir, así como su habilidad de poner estos sonidos y grafemas en contexto.

Puchta (en Cordero, 2017) explica que es fundamental que los docentes tengan la confianza en su capacidad de hablar bien esta otra lengua para poder ser lo suficientemente flexible con ella e interactuar de forma más natural con sus estudiantes, pudiendo además ser más concretos a la hora de dar indicaciones y respuestas, empleando imágenes, gestos, señas y palabras.

Siguiendo a Echague y Abrahams (en ADN Radio, 2015) la clase de inglés se debiese realizar en inglés entre docentes y estudiantes, tanto de forma escrita como hablada. Para ello, Putcha (en Cordero, 2017) destaca que el docente debe asegurar un ambiente donde está permitido cometer errores, lo cual sirve para formar parte de la identidad del sujeto y que los niños quieran expresarse, ya que como nos señala Guerra (en ADN Radio, 2015), un importante impedimento para el dominio del inglés para los chilenos es preferir no hablar por el miedo a equivocarse, sin poder practicar la lengua.

En ese orden, entendiendo “que el lenguaje constituye el puente hacia la realidad” (Klein, 1975, en Ramírez, 2012) sirviendo cada alfabeto como una lengua paterna; sería relevante que los docentes comprendieran que

“Una lengua extranjera no puede ser considerada sólo como un instrumento, y menos sólo como un mero medio que posibilite el intercambio comercial. Una lengua es un producto cultural, en el mejor sentido. Es vehículo de expresión y de atesoramiento de las ideas, la creación, las inquietudes, los sueños, las tradiciones, la historia de un pueblo.” (Vivanco, 2015, en Rosas y Pereira, 2017)

Así, acá no se trata de “una meditación sobre el lenguaje, sobre sus capacidades, sus reglas, y sobre lo que el lenguaje autoriza en lo que respecta al pensamiento” (Badiou, 2010, p. 56). Tampoco debería tratarse de convertir al estudiante en un objeto por su valor, medido por su habilidad para la repetición, sin poder poner ahí su subjetividad, como es típico en una lógica de saber universitario (Indart, 2005).

Según Santiago y Martins (2016) cuando se intenta enseñar a todos de la misma manera, sin dar cabida a lo particular, se producen resistencias a la intervención en relación a la escuela. Estas resistencias sumadas a la ambivalencia hacia los maestros dada por la transferencia, resaltan la importancia de evitar las nominaciones del Otro escolar para eso que pone en acto el sujeto –que darían cabida a identificaciones como “infantil, inmaduro, loco, raro, malo, déficit intelectual, déficit atencional, hiperactivo, trastorno generalizado del desarrollo, flojo, entre otras”-, las cuales serían perjudiciales para el intercambio entre profesor-estudiante y entre estudiantes.

Deleuze aclara que “no se trata en ningún caso de oponer el maestro a la institución, sino más bien de ver cómo cada centro [educacional] puede vivir en sí mismo esta división constitutiva entre invención y repetición, tyche y automaton, apertura y cierre.” (en Recalcati, 2016, p. 107).

Por otra parte, en relación a la época, Recalcati (2016) añade la necesidad de considerar la incidencia del mundo digital en que viven niños y jóvenes, el cual

“promueve un cortocircuito en el acceso al saber. Antes, los adultos –profesores o padres- se imponían como mediadores del acceso al saber, que era un objeto a buscar en el Otro, y para ello resultaba necesario seducir a ese Otro, ceder a sus exigencias u obedecerlas. Ahora el saber ya no es del Otro ni se relaciona con el deseo de éste, porque está automáticamente disponible mediante una simple demanda formulada a la computadora o en otras máquinas digitales.” (p. 21)

 

En efecto, en el caso del inglés, en lo cotidiano la mayor parte los chilenos tenemos escaso contacto es con él y es en producciones escritas y audiovisuales sin traducir (canciones, series, películas, páginas web, videojuegos), pero que la mayoría de las veces cuentan con subtítulos en español o la opción de encontrar un link o una versión en español, siendo también por medio del mismo internet relativamente sencillo filtrar tales producciones en su idioma original para evitarlas. Es la minoría de la población la que busca un mayor dominio de esta lengua por necesidades de intercambio comercial, de visitar otros países o de estudiar un campo menos desarrollado en habla hispana.

          Como los chilenos casi no necesitamos hablar en inglés y en el colegio éste suele ser abordado como un contenido más a repetir durante 12 años de escolarización para seguir por el camino del egreso del estudiante -cuya memorización está más está facilitada para niños y jóvenes identificados a ser buenos estudiantes-, pero cuya aprehensión sólo ocurre cuando el sujeto busca sus propios medios para poner esta nueva lengua en práctica; parece relevante que se consideren más aristas a la hora diseñar y ejecutar programas y destinar recursos para su enseñanza.

Si se pretende que una nueva lengua nos resulte familiar y no como parte de una alteridad distante y de la cual poco queremos saber, se debe tener en cuenta que en la hora de clase hay algo social que acoger y algo social que rechazar. Para dar paso a la tyche el maestro debe saber “entrar en una relación única con la imposibilidad que recorre el conocimiento, que es la imposibilidad de saber todo el saber.” (Recalcati, 2016, p.13)

Recalcati (2016) nos explica que “El saber no es de ninguna manera un objeto contenido en el recipiente del Otro, sino la consecuencia de un recorrido que todo sujeto ha de cubrir por su propia cuenta, sin que haya, para garantizarlo, una trayectoria definida a priori.” (p. 53) Por lo tanto, la orientación del maestro va a ser la de preservar la carencia. 

Como los acontecimientos “son singularidades irreductibles, ‘fuera-de-la-ley’ de las situaciones.” (Badiou, 2004, p. 72), “un proceso de verdad es heterogéneo a los saberes instituidos de la situación (…) una ‘grieta’ en estos saberes.” (Badiou, 2004, p. 72), una ruptura porque el acontecimiento no se dejaba pensar por los saberes establecidos.

En palabras de Bleichmar (2008), la escuela “tiene que ayudar a producir subjetividades que no solamente sirvan para la aplicación del conocimiento, sino para la creación de conocimientos y de conocimientos con sentido” (p. 51). De ahí el desafío para los enseñantes del habla inglesa es incluir lo particular del sujeto para permitirle adquirir nuevos significantes de los cuales se servirá. Esto último, apuntando al ideal de facilitar la transcripción en el campo del Otro, de un decir hasta entonces imposible.


Referencias

 

ADN Radio. (2015). En el 99% de los colegios se enseña inglés en castellano. No sirve para nada. adnradio.cl. Extraído en 17 de diciembre de 2017 de http://www.adnradio.cl/noticias/nacional/en-el-99-de-los-colegios-se-ensena-ingles-en-castellano-no-sirve-para-nada/20151011/nota/2965967.aspx

Badiou, A. (2004). La ética. Ensayo sobre la consciencia del mal. México D.F.: Herder.

Badiou, A. (2010). La filosofía, otra vez. Madrid: Errata Nadurae.

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*Texto íntegro del 2017

Bienvenid@s

Bienvenid@s a mi blog, ésta es mi primera entrada

La imagen de fondo es una increíble obra surrealista de la pintora inglesa y mexicana Leonora Carrington llamada "La casa de enfrente". Si la desean adquirir: https://galeriamonicasaucedo.com/obra/leonora-carrington-la-casa-de-enfrente/66e33b0ea166b2.72444665


Todavía no tengo del todo claro cuáles serán los alcances del blog, pero sí que será un espacio para escribir y compartir escritos que he realizado en alguna oportunidad y que han quedado por allí por allá. Es una forma de socializar más el psicoanálisis y desde Latinoamérica, desde Chile y también de poder compartir mis propias ideas de ayer, hoy y sus transformaciones. 

Hoy nevó en algunos sectores de la Región Metropolitana -cosa extremadamente inusual en esta región céntrica- pero no en las comunas de la casa, la consulta y sus alrededores; y si bien me quedé con las ganas de ver nevar, no me quedo con las ganas de compartirles un primer escrito, el de la entrada que sigue... que lo hice el 2017 cuando cursaba en la Universidad Central "Psicoanálisis con niños y adolescentes desde la Orientación Lacaniana" y todavía no tenía idea de que me dedicaría también y por años a la docencia universitaria. Les dejaré el escrito tal cual, sin cambiarle nada, como testimonio de una pregunta de entonces.

Sin más, gracias por leer, buena lectura y si quieren comentar muy bien, sino bien también. Lo importante es que el espacio está y que bueno, mis datos de contacto también los tienen. Si se animan y me escriben me pondré contenta.