ELIZABETH CASTRO
“La clave está en el cuestionamiento de lo que refiere al
goce”
(Lacan, J. El Seminario, libro 17, El reverso del
psicoanálisis,
Buenos Aires,
Paidós, 2015 p. 191).
En el marco de mi rol como docente de la carrera de
psicología en tres universidades chilenas, he estado preguntándome acerca de
qué discurso es posible articular para hacer clases en universidades, sin caer
en lógicas de dominación ni en el fomento de la creciente asubjetivación, bajo
las nuevas o no tan nuevas formas de rechazo del inconsciente.
Lo que sabía, es que para enseñar, hace falta un
saber-hacer y un semblante distinto del que puede desprenderse de la posición
del analista. También que, desde luego, en una universidad no estamos en
presencia de un analizante y por tanto no le suponemos ni transferenciado con
un sujeto supuesto saber, ni con respecto a su propio decir, sino más bien, frente
a un estudiante, ante el cual lo mejor que podemos hacer es considerarle más
que un mero consumidor, un sujeto que podría interesarse por su propio amo, su
inconsciente.
Revisando el Seminario 17 y lo que otros analizantes de
la orientación, han enunciado respecto a los cuatro discursos de Lacan, al falso
discurso capitalista y a la transmisión en universidades, he llegado a la
conclusión –que dio lugar a un producto de cartel- y en tanto no es posible
enseñar sin exponer-, de que un discurso posible de emplear en la enseñanza es
el de la histeria, debido a que su provocativa relación con la insatisfacción
interroga al goce.
En la exposición que trajo Alejandro Reinoso al Taller,
nos advirtió de la importancia de identificar los S1 del discurso universitario
hoy: expertiz, garantía, estandarización, entre otros… a los cuales yo
agregaría inclusión.
Inclusión de qué, de los goces que sin ser interrogados,
quedan justificados y encasillados en efímeros S1 por colectivos, profesionales
e instituciones, quienes se esmeran por dar consistencia etiológica,
diagnóstica, pronóstico y abordaje universal a los mismos.
Dos posibles ejemplos de estos nuevos S1 que han llamado mi atención, dada su generalización por estos días son “herida/[estamos]heridos/dañados/rotos” y “neurodivergencia”; los cuales, si bien desde sus conceptualizaciones conjeturan diferentes causalidades, parecen compartir una presuposición de individuo como víctima (del otro, malo, negligente, de la sociedad, o del órgano o sustrato biológico inmune a la palabra, respectivamente) obviando una pregunta por el goce de cada quien.
A la fecha, he podido observar en universidades, ante la
llegada de estos S1 que ejemplifico, un creciente empuje al abordaje
paternalista. No sería de sorprender que hubiese consecuencias en el lazo
social y en las subjetividades si una mal entendida inclusión, resultase
excesivamente desresponsabilizante para los parlêtres.
Una posición de analizante en una universidad -con un uso
calculado de la histeria- nos ayudará a no comprender demasiado cada vez cada nuevo significante, y a no dejar de sostener, en los espacios de intercambio, un agujero en el saber que no se pretenda colmar.
*Escrito para el 6° Encuentro de talleres de biblioteca de la NELcf- Santiago (2024) "Fundamentos freudianos de los 4 discursos lacanianos"; responsable: Carolina Vignoli.

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