viernes, 22 de agosto de 2025

La enseñanza del inglés en Chile como contenido y no como lengua

Verdad y saber. La dimensión ética del acto educativo: 

La enseñanza del inglés en Chile como contenido y no como lengua*

Elizabeth Castro Fernández



“No darle la palabra al niño es no reconocerle su estatuto de sujeto, 
es llevarlo al abismo de la objetivación.” (Ramírez, 2012, p. 27).


J. Torres García, América Invertida (1943) 


Con la creciente globalización, en nuestros días, nos encontramos con el imperativo del aprendizaje del inglés como segunda lengua en caso de que no se trate de nuestra lengua materna; volviéndose así su enseñanza a niños, niñas y adolescentes una preocupación de varios gobiernos, ante la cual han invertido considerables esfuerzos.

El interés chileno por el inglés se remonta desde los comienzos de la República. En 1813 con la inauguración del Instituto Nacional, se incluyó en el currículum para propósitos de comunicación en las esferas literarias y civiles, principalmente para viajar a Europa (Farías, 1999; Vera, 1942, en Rosas y Pereira, 2017).

A través de los años, se incrementó la calidad y la cobertura de su instrucción, estando las universidades a cargo de formar profesores de inglés (Vera, 1942, en Rosas y Pereira, 2017) y los colegios de realizar de forma obligatoria al menos tres horas pedagógicas de inglés a la semana a los estudiantes desde 5° básico, y a modo de sugerencia, de forma regular entre 1° y 4° básico (Espinoza, 2017).

 Pese a tales esfuerzos, la última publicación del Índice de Dominio de Inglés (EF EPI) señala que los chilenos mayores de 18 años sólo pueden mantener una conversación breve en ese idioma, además redactar un correo simple y entender lo básico en un viaje de turismo, dejando a Chile en el séptimo lugar dentro de Latinoamérica y en el puesto 45 de un total de 80 países evaluados en relación al dominio de ese idioma (Saez, 2017).

Apoyándome en la perspectiva psicoanalítica, en escritos provenientes de la filosofía y en mis impresiones como estudiante y psicóloga chilena, reflexionaré en relación al fracaso de la enseñanza del inglés en colegios.

      Si pensamos en la ubicación geográfica de Chile, en primer lugar nos daremos cuenta de que tenemos como vecinos a países cuyo principal idioma es el español. Rara vez un niño chileno toma contacto con personas que vienen de países angloparlantes, salvo excepciones de quienes tienen familiares de habla inglesa o han vivido en lugares donde se tiene por lengua el inglés.

            Algunos niños, generalmente de los sectores económicos más acomodados, cuentan con profesores particulares que les enseñan el idioma, o asisten a colegios particulares bilingües, donde el inglés es el idioma en el cual se realizan las clases. Para estos estudiantes, el inglés se convierte en una necesidad, pues su propio idioma, el español, no les basta para avanzar con su formación escolar, así su escucha y su expresión pasa a volverse algo cotidiano.

            Sobre todo, es fácil suponer que si al menos uno de los padres o hermanos de un niño maneja con fluidez el idioma, podrán sostener conversaciones valiéndose del inglés para ello. En ambos casos como código y como medio, el inglés pasa a tomar un carácter de familiar y de posibilidad de encontrarse.

      En cambio, para los niños que el inglés se reduce a esas horas de enseñanza en la escuela y a algunas frases y palabras incorporadas en los objetos y aparatos de uso cotidiano, el inglés aparece más bien como el residuo de una alteridad, la de la gente que en algún lugar, en algún país, escribió las cosas en su idioma y éstas llegaron a Chile.

       Algunas palabras son reconocidas por su mayor repetición -como automaton- en objetos de consumo, por ejemplo “open, power, good, stop, reset”, por su aparición en publicidad, en títulos de películas, canciones y videojuegos, pero que cuya comprensión va a depender de la motivación por traducirlas de quien las lee, pues perfectamente se pueden omitir sus significados, con suerte sirviendo de complemento para otros signos.

    Entonces, para pasar de la anécdota de reconocer algunas palabras a la apropiación de éstas como nuevos significantes, parece haber una distancia trazada por la motivación,  pero no cualquier motivación, sino la de abrirse a nuevos significados disponibles en otra lengua.

         Recalcati (2016) explica que para que el sujeto desee hallar un saber, se “debería situar en primer plano el deseo como búsqueda de la propia identidad” (p. 45), lo cual se consigue a través de la transferencia a Otro; transferencia que en palabras de Recalcati, está enlazada “con la raíz etimológica de la palabra educere (‘educar’) que es en efecto, ‘ser llevado a otro lugar’.” (2016, p. 57).

Ya lo decía Freud (1914) con respecto a su propia formación y el lugar que ocuparon sus docentes en ella:

“No sé qué nos reclamaba con más intensidad ni que era más sustantivo para nosotros: ocuparnos de las ciencias que nos exponían o de la personalidad de nuestros maestros. Lo cierto es que esto último constituyó en todos nosotros una corriente subterránea nunca extinguida y en muchos el camino hacia las ciencias pasaba exclusivamente por las personas de los maestros.” (p. 248).

 

Dado lo anterior, Recalcati (2016) enfatiza que al educar no se trata de una técnica, de un método ni del estilo del maestro, pues cada uno lo hace a partir de un estilo que lo distingue; sino de la relación que el docente sabe establecer con lo que enseña a partir de la singularidad de su existencia y de su deseo de saber: “consiste en abrir al sujeto a la cultura como lugar de humanización de la vida, la de hacer posible el encuentro con la dimensión erótica del conocimiento.” (p. 14)

            Del lado del estudiante, Horta (en Espinoza, 2007) recalca el valor de la enseñanza temprana de un segundo idioma aludiendo a una mayor receptividad al conocimiento nuevo por parte de los más pequeños (por medio del juego, la escritura y la palabra), en comparación a las dinámicas y a la disposición con las que cuentan los estudiantes en educación media.

En ese sentido, Horta (en Espinoza, 2017) señala que para trabajar con niños de educación pre-básica y básica inicial, los docentes deben contar con una flexibilidad acorde al intercambio con niños pequeños, pero que, no obstante, los profesores de inglés en Chile sentirían que por no ser obligatorio, las universidades de pregrado no los habrían formado para esos niveles iniciales.

Peor aún, en Chile no sólo existiría un déficit de profesores que saben y se sienten cómodos de trabajar inglés con niños pequeños, sino también de profesores de inglés en general. Según cifras de 2014, el 34% de los educadores no tiene los conocimientos mínimos de la lengua (Carmi, 2016; Puchta, en Cordero, 2007).

Ante este panorama, Putcha (en Cordero, 2017) considera que si no se cuenta con maestros realmente bien entrenados para enseñar inglés a niños en los primeros años de escolaridad, entonces es preferible comenzar más tarde, siendo más importante la calidad de la enseñanza que la edad a la que se empieza.

En efecto, es común ver a profesores de educación preescolar y básica que no saben hablar inglés impartiendo dicha asignatura. Uno podrá imaginar que sus pronunciaciones, la cantidad de palabras que conocen y la relación que establecen entre éstas son más limitadas y por tanto, difícilmente sus estudiantes podrán encontrar un testimonio del amor a ese saber en esos docentes.

En concreto, por sí solas ya representan complejidades para aprender el inglés su estructura gramatical -la cual difiere de la de los idiomas descendientes del latín, como lo es el español- y sus reglas de pronunciación y de gramática específicas, las cuales hacen que al momento de oír o decir una frase, no podamos distinguir de qué se está hablando -por ejemplo, diferenciar al oír o decir “it” de “eat”-; por ello es imprescindible el dominio del idioma de parte de los docentes que lo van a impartir, así como su habilidad de poner estos sonidos y grafemas en contexto.

Puchta (en Cordero, 2017) explica que es fundamental que los docentes tengan la confianza en su capacidad de hablar bien esta otra lengua para poder ser lo suficientemente flexible con ella e interactuar de forma más natural con sus estudiantes, pudiendo además ser más concretos a la hora de dar indicaciones y respuestas, empleando imágenes, gestos, señas y palabras.

Siguiendo a Echague y Abrahams (en ADN Radio, 2015) la clase de inglés se debiese realizar en inglés entre docentes y estudiantes, tanto de forma escrita como hablada. Para ello, Putcha (en Cordero, 2017) destaca que el docente debe asegurar un ambiente donde está permitido cometer errores, lo cual sirve para formar parte de la identidad del sujeto y que los niños quieran expresarse, ya que como nos señala Guerra (en ADN Radio, 2015), un importante impedimento para el dominio del inglés para los chilenos es preferir no hablar por el miedo a equivocarse, sin poder practicar la lengua.

En ese orden, entendiendo “que el lenguaje constituye el puente hacia la realidad” (Klein, 1975, en Ramírez, 2012) sirviendo cada alfabeto como una lengua paterna; sería relevante que los docentes comprendieran que

“Una lengua extranjera no puede ser considerada sólo como un instrumento, y menos sólo como un mero medio que posibilite el intercambio comercial. Una lengua es un producto cultural, en el mejor sentido. Es vehículo de expresión y de atesoramiento de las ideas, la creación, las inquietudes, los sueños, las tradiciones, la historia de un pueblo.” (Vivanco, 2015, en Rosas y Pereira, 2017)

Así, acá no se trata de “una meditación sobre el lenguaje, sobre sus capacidades, sus reglas, y sobre lo que el lenguaje autoriza en lo que respecta al pensamiento” (Badiou, 2010, p. 56). Tampoco debería tratarse de convertir al estudiante en un objeto por su valor, medido por su habilidad para la repetición, sin poder poner ahí su subjetividad, como es típico en una lógica de saber universitario (Indart, 2005).

Según Santiago y Martins (2016) cuando se intenta enseñar a todos de la misma manera, sin dar cabida a lo particular, se producen resistencias a la intervención en relación a la escuela. Estas resistencias sumadas a la ambivalencia hacia los maestros dada por la transferencia, resaltan la importancia de evitar las nominaciones del Otro escolar para eso que pone en acto el sujeto –que darían cabida a identificaciones como “infantil, inmaduro, loco, raro, malo, déficit intelectual, déficit atencional, hiperactivo, trastorno generalizado del desarrollo, flojo, entre otras”-, las cuales serían perjudiciales para el intercambio entre profesor-estudiante y entre estudiantes.

Deleuze aclara que “no se trata en ningún caso de oponer el maestro a la institución, sino más bien de ver cómo cada centro [educacional] puede vivir en sí mismo esta división constitutiva entre invención y repetición, tyche y automaton, apertura y cierre.” (en Recalcati, 2016, p. 107).

Por otra parte, en relación a la época, Recalcati (2016) añade la necesidad de considerar la incidencia del mundo digital en que viven niños y jóvenes, el cual

“promueve un cortocircuito en el acceso al saber. Antes, los adultos –profesores o padres- se imponían como mediadores del acceso al saber, que era un objeto a buscar en el Otro, y para ello resultaba necesario seducir a ese Otro, ceder a sus exigencias u obedecerlas. Ahora el saber ya no es del Otro ni se relaciona con el deseo de éste, porque está automáticamente disponible mediante una simple demanda formulada a la computadora o en otras máquinas digitales.” (p. 21)

 

En efecto, en el caso del inglés, en lo cotidiano la mayor parte los chilenos tenemos escaso contacto es con él y es en producciones escritas y audiovisuales sin traducir (canciones, series, películas, páginas web, videojuegos), pero que la mayoría de las veces cuentan con subtítulos en español o la opción de encontrar un link o una versión en español, siendo también por medio del mismo internet relativamente sencillo filtrar tales producciones en su idioma original para evitarlas. Es la minoría de la población la que busca un mayor dominio de esta lengua por necesidades de intercambio comercial, de visitar otros países o de estudiar un campo menos desarrollado en habla hispana.

          Como los chilenos casi no necesitamos hablar en inglés y en el colegio éste suele ser abordado como un contenido más a repetir durante 12 años de escolarización para seguir por el camino del egreso del estudiante -cuya memorización está más está facilitada para niños y jóvenes identificados a ser buenos estudiantes-, pero cuya aprehensión sólo ocurre cuando el sujeto busca sus propios medios para poner esta nueva lengua en práctica; parece relevante que se consideren más aristas a la hora diseñar y ejecutar programas y destinar recursos para su enseñanza.

Si se pretende que una nueva lengua nos resulte familiar y no como parte de una alteridad distante y de la cual poco queremos saber, se debe tener en cuenta que en la hora de clase hay algo social que acoger y algo social que rechazar. Para dar paso a la tyche el maestro debe saber “entrar en una relación única con la imposibilidad que recorre el conocimiento, que es la imposibilidad de saber todo el saber.” (Recalcati, 2016, p.13)

Recalcati (2016) nos explica que “El saber no es de ninguna manera un objeto contenido en el recipiente del Otro, sino la consecuencia de un recorrido que todo sujeto ha de cubrir por su propia cuenta, sin que haya, para garantizarlo, una trayectoria definida a priori.” (p. 53) Por lo tanto, la orientación del maestro va a ser la de preservar la carencia. 

Como los acontecimientos “son singularidades irreductibles, ‘fuera-de-la-ley’ de las situaciones.” (Badiou, 2004, p. 72), “un proceso de verdad es heterogéneo a los saberes instituidos de la situación (…) una ‘grieta’ en estos saberes.” (Badiou, 2004, p. 72), una ruptura porque el acontecimiento no se dejaba pensar por los saberes establecidos.

En palabras de Bleichmar (2008), la escuela “tiene que ayudar a producir subjetividades que no solamente sirvan para la aplicación del conocimiento, sino para la creación de conocimientos y de conocimientos con sentido” (p. 51). De ahí el desafío para los enseñantes del habla inglesa es incluir lo particular del sujeto para permitirle adquirir nuevos significantes de los cuales se servirá. Esto último, apuntando al ideal de facilitar la transcripción en el campo del Otro, de un decir hasta entonces imposible.


Referencias

 

ADN Radio. (2015). En el 99% de los colegios se enseña inglés en castellano. No sirve para nada. adnradio.cl. Extraído en 17 de diciembre de 2017 de http://www.adnradio.cl/noticias/nacional/en-el-99-de-los-colegios-se-ensena-ingles-en-castellano-no-sirve-para-nada/20151011/nota/2965967.aspx

Badiou, A. (2004). La ética. Ensayo sobre la consciencia del mal. México D.F.: Herder.

Badiou, A. (2010). La filosofía, otra vez. Madrid: Errata Nadurae.

Bleichmar, S. (2008). Violencia social - Violencia escolar. De la puesta de límites en la construcción de legalidades. Buenos Aires: Noveduc.

Carmi, C. (2016). Segundo idioma obligatorio y el déficit de docentes en Chile, Ecuador y Francia. Elige Educar. Extraído el 17 de diciembre de 2017 de http://www.eligeeducar.cl/segundo-idioma-obligatorio-y-el-deficit-de-docentes-en-chile-ecuador-y-francia

Cordero, M. (2017). Cuando se aprende inglés, la calidad de la enseñanza importa más que la edad a la que se empieza. El Mercurio. Extraído el 17 de diciembre de 2017 de http://www.eligeeducar.cl/cuando-se-aprende-ingles-la-calidad-la-ensenanza-importa-mas-la-edad-la-se-empieza

Espinoza, C. (2017).Estudios y pruebas muestran estancamiento del nivel de inglés de los chilenos. La Tercera. Extraído el 17 de diciembre de 2017 de http://www.latercera.com/noticia/estudios-pruebas-muestran-estancamiento-del-nivel-ingles-los-chilenos/

Freud, S. (1914). Sobre la psicología del colegial. En Obras Completas. Buenos Aires: Amorrortu, Vol. XIII.

Indart, J-C. (2005). El padre y el profesor. Lecciones Inaugurales 4. Bogotá: Cid.

Santiago, A-L. & Martins de Assis, R. (2016). ¿Qué le pasa a ese niño? Sobre alumnos que no aprenden y la intervención del psicoanálisis en la escuela. Buenos Aires: Grama.

Ramírez, M. (2012). Psicoanálisis con niños y dificultades en el aprendizaje. Buenos Aires: Grama.

Recalcati, M. (2016). La hora de clases. Por una erótica de la enseñanza. Barcelona: Anagrama.

Rosas, M & Pereira, H. (2007). Enseñanza de idiomas en Chile, perspectivas, desafíos y proyecciones. El Mostrador. Extraído el 17 de diciembre de 2017 de http://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/2017/10/07/ensenanza-de-idiomas-en-chile-perspectivas-desafios-y-proyecciones/

Saez, J. (2017). Chile vuelve a caer en ranking que mide el manejo de inglés a nivel mundial. T13.cl. Extraído el 17 de diciembre de 2017 de http://www.t13.cl/noticia/nacional/chile-vuelve-caer-ranking-mide-manejo-ingles-nivel-mundial


 

*Texto íntegro del 2017

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